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Los Miserables: regresar para no volverme a ir.

Updated: Aug 16, 2023

Fue el martes 9 de febrero cuando recibí un mensaje de David. Hace más de cuatro años no hablaba con él, pero como si el tiempo no hubiera pasado y sin mucho rollo, me invitaba a un taller de “Los Miserables” donde casualmente les hacía falta un Marius. No pregunté mucho detalle, tampoco dudé y le contesté “sí jalo”. En la mitad de la pandemia, regresar al teatro eran de las cosas que menos me esperaba pero que sin duda necesitaba. La oportunidad, el equipo creativo, el personaje y la obra, representaban la combinación perfecta para invertir las mañanas de los domingos que estaban por venir.


"Hay en mí", Los Miserables 2021, MB Teatro / Foto: Gilda Villareal


Marius Pontmercy: el personaje y mi proceso creativo


Sin audición y confiando en un talento que no habían visto hace ya varios años, Beto y Marco me recibieron con los brazos abiertos, listos para contar juntos una historia más. Sin juzgarme y sin miedo, me dejé llevar con emoción agarrando elementos de cada ensayo, ideas y piezas que poco a poco construirían a Marius.


Aunque no era la primera vez que me enfrentaba al personaje, le recibí como no lo había hecho antes. Cuando llegué, el resto de mis compañeros llevaban cuatro meses de ensayo y, muy lejos de sentir presión grupal, lo que más sentí fue una bienvenida cálida llena de compromiso, pasión y amor total al proyecto. Me apuré y con la técnica que me enseñó Ana Sofía (acordeones con la primera letra de cada palabra), adopté el texto tan rápido como pude. Primero, lo memoricé sin cantar para comprender la idea y su sentido. Después, absorbí la música y lo uní a la melodía dándole la forma completa, moldeando cada vez más a Marius con lo que sentía Daniel.



Con solo un ensayo a la semana, si uno no le dedica el tiempo y esfuerzo pertinente, el trabajo para desarrollar al personaje se olvida y se pierde. Es un error pensar que por tratarse de un “taller” el trabajo fuera del salón no es necesario. La energía de este montaje y la obra representaron en todo momento un compromiso profesional y un viaje del que me enamoré, y cuando uno se enamora la tarea se vuelve apasionante.


Conforme avanzaba el montaje, además de las notas y rayones al guion, lo que más me ayudó para pasar del texto a la acción fue mapear las escenas de Marius como “un reloj”. Así, encontrar la simetría de cada momento, puntos de inflexión en el arco narrativo del personaje y más importante marcar cada escena con un objetivo, ¿qué quiere Marius?; y la sensación en el cuerpo, ¿qué siente y dónde lo siente?



Con este ejercicio, caí en cuenta de la separación que el personaje vive entre lucha y amor durante toda la obra. Este ir y venir a veces llegaba a sentirse irracional, pero como el mismo Marius, se trata de un personaje todo el tiempo reactivo y emocional hasta que la historia lo hace cobrar consciencia y canta “Sillas y Mesas Vacías”. Sin duda de las canciones y momentos que más disfruté. Ese paralelismo que existe con la melodía del perdón del Obispo a Valjean en el primer acto, me pasmó y lo comprendí como la declaración y perdón de Marius por soltar una vida de lucha/violencia y abrazar una vida de amor. Estas conexiones, no solo me convencieron de la maestría del musical, pero me erizaron la piel y construyeron para mi, momentos que transforman la vida como persona y como actor. Conexiones que, reforzadas por la música y las melodías de los personajes, trascienden el salón de ensayos, te conectan con el director, la compañía, el público y por supuesto, con el personaje mismo para llevarlo al límite.


"Sillas y Mesas Vacías", Los Miserables 2021, MB Teatro / Foto: Gilda Villareal

Por una vida de teatro y actuación


Al terminar cada función, los aplausos del público, la energía de mis compañeros, los comentarios de los directores, staff, familia y amigos me dejaban con las ganas de levantar la copa y brindar siempre por una vida de teatro y actuación. Hoy no puedo estar más convencido que así debe ser. Al dejarlo por estos últimos años, me di cuenta que mi capacidad de asombro, de contar historias y de sentir estaba limitada, pero también que estoy mejor y más vivo cuando canto, actúo y piso el escenario.


Fue con Miserables que entendí que la idea de soltar y no forzar construye más. Fluyendo se abrió el telón y fluyendo se cerró, así aprendí que aferrarse solo a dar notas musicales perfectas y trazos escénicos exactos limitan la naturaleza del actor en escena. Al soltar y ensayar con intención uno pasa de la preocupación al disfrute y como dice Beto “empiezan a pasar cosas”, los elementos de la obra cohabitan y la historia se cuenta. Abandoné el miedo y las tormentas mentales de olvidar el texto en escena o algo de utilería, si mi voz estaba en perfecto estado o si el agudo me podía traicionar. En cambio, navegué el espacio como Marius mismo, con la adrenalina, emoción y felicidad del momento, sin preocupaciones del mañana y con una mentalidad de asombro en cada canción y en cada escena sin dejar de creer, crear y crecer.



Las gracias


Hay sueños que se persiguen y hay otros que lo encuentran a uno sin saber que, primero son sueños y segundo que se volverá uno realizado. La idea de hacer Los Miserables empezó como, cantaría Fantine, “el sueño que soñé”, una oportunidad única que parecía haberse perdido. Pero, así como llegó ese mensaje de David aquel martes de febrero, llegó también la oportunidad de darle vida a Marius en el momento correcto y con la gente correcta.


Aunque hace mucho no me subía al escenario esta vez me sentí diferente. Coincido con Ana Sofía, quien me hizo ver que la capacidad de un actor la conforman sus experiencias vividas y que mientras más vives en mejor actor te puedes convertir. Sin duda, me faltaban momentos clave y esos años para descubrir a Marius en mi, y de quien hoy me despido con el corazón contento y eternamente agradecido.


Gracias, a cada uno de los que formaron esta compañía tan fiel y apasionada, porque lograron que me volviera a enamorar para siempre del escenario.


Gracias, a Beto, Marco y Ricardo: por unir sus fuerzas para levantar esas barricadas que me dejaron escapar de la rutina y de la pandemia. Pero sobretodo, gracias por darme la confianza de convertirme en Marius y contar esta historia con tanta pasión, perseverancia y amor.


Gracias, a todas las personas que estuvieron ahí en el público para recordarme que la actuación y el teatro no debe ser una excepción en mi vida, sino lo que la rige.


Gracias a ti, Marius: por dejarme jugar a esta ficción anhelada llamada Miserables y por recordarme la importancia de guiarme por mis emociones y que la vida no es un destino pero un camino.


Gracias, Daniel: por regresar y no dejar de descubrir tu esencia y sus posibilidades. Pero más importante, por recordarme que no dejarás de hacerlo (especialmente cuando no todo vaya bien) pues en el escenario está la magia.


Hasta siempre Miserables, me hiciste regresar para no volverme a ir.


"Lluvia nada más" Los Miserables, MB Teatro / Foto: Gilda Villareal

 

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